Iglesia Cristiana de Cary

Vísteme despacio que tengo Prisa

Repetidamente de vez en cuando estaríamos retrasados para salir a alguna cita importante o a la iglesia. En nuestro apuro por alistarnos algo salía mal, se caía algún adorno al suelo, rompíamos el botón de la camisa tratando de ajustarla rápidamente y era cuando más apurados estábamos vistiéndonos para salir pronto que mi abuelita decía: “vísteme despacio que tengo prisa”

Mi querido lector, por lo menos a mí, a menudo me parece que Dios tiene la misma filosofía que mi abuelita. En ocasiones necesito que Dios intervenga en asuntos muy importantes de mi vida y no puedo esperar a que sea después o mañana. Lo necesito ahora mismo, en este mismo instante. Después de todo el creó el mundo con su palabra y no se tomó una eternidad para hacerlo sino solamente seis días.

Cuando Jesús estaba aquí en la tierra sanaba a las multitudes al instante. No quisiera filosofar ni proponer ideas difíciles o abstractas ante la reflexión de Dios y su manera de obrar en nosotros a través del tiempo. Sencillamente quiero compartir lo que aprendí en el testimonio de otros que fueron antes de nosotros y que vivieron junto a Dios una vida llena de aventuras y misiones las cuales nos dan una idea de cómo puede ser que Dios actué con nosotros hoy.

El Amor de Dios para una persona, el deseo de Dios de que estuviera enteramente preparada para la misión de su vida y el amor de Dios para su pueblo lo llevó a asegurarse de que Moisés estuviera preparado no solo para sacar al pueblo de Dios de la esclavitud horrible, sino igualmente preparado para guiarlos en el desierto y para que al menos sus hijos entraran en la tierra prometida.

Por un lado tenemos el clamor del pueblo que esperaba con desesperación ansiosa el día de su liberación. Maltratos, torturas, exceso de trabajo pesado y total esclavitud era el pan diario de los israelitas en Egipto. ¿Crees acaso que Dios no veía esto? y no estamos hablando de un día o dos, ya la cuenta sobrepasó los 350 años para el tiempo en que Moisés decide hacer algo por ellos.

Por otro lado tenemos al príncipe de Egipto, que no es más que un hebreo infiltrado por Dios en el palacio de Faraón. El hombre que representa la posibilidad de liberación, el fin de la esclavitud. Este es el nuevo José, un hebreo nos metió con bendición a Egipto y un hebreo nos sacará con bendición de aquí. Pero ¿Qué podía hacer Moisés? ¿Tratar de usar su influencia política ante un faraón que no daría su brazo a torcer por nada? o formar una coalición entre el pueblo de Dios para fomentar una rebelión. Ciertamente este era un pueblo cansado y extenuado por la espera en el cautiverio.

Todo parecía indicar que Moisés estaba en la situación ideal para hacer algo por el pueblo de Dios. Moisés comenzó a instruir a los hebreos a amarse y unirse a no pelear entre ellos. Mató a sangre fría a aquel egipcio que maltrataba al hebreo. Ahora sí va a pasar algo, pensarían quizá muchos. Pero Dios que conoce todas las cosas y los corazones de los hombres y que si sabe acerca del tiempo correcto y adecuado, permitió que otros 40 años pasaran por encima de Moisés y del pueblo.

Dios permitió 40 años más de esclavitud, de pobreza, de muerte, de opresión y de súplica constante pidiendo por la libertad de su propio pueblo que El escogió para sí. Pero a la misma vez ya hoy vemos del otro lado de la historia, que lo que en realidad Dios estaba haciendo era preparando a Moisés para otros cuarenta años que literalmente terminarían con la vida de cualquier líder.

Israel sería liberado de los años de esclavitud pero a la misma vez los próximos 40 años se convertirían en los años de la rebelión en contra del Dios que los libertó y su líder. Dios necesitaba asegurarse de que Moisés estuviera listo no solo para el tiempo de la liberación, sino también para el tiempo de su diaria peregrinación tratando de adentrar un pueblo rebelde y necio en la promesa de Dios.

Moisés pudo sobrevivir el desierto con el pueblo de Israel por cuarenta años, justamente debido a los cuarenta años que pasó en el desierto siendo entrenado por Dios. Al final Dios liberó a su pueblo, Moisés tuvo un final glorioso en la tierra prometida pero la eterna y nosotros aprendimos que Dios no estaba apurado en sacar al pueblo de Israel de Egipto, como tampoco estuvo apurado en adentrarlos en Canaán, como tampoco estuvo apurado en su trabajo y obra para con Moisés.

Dios está haciendo algo en nosotros, con nosotros y para con nosotros. No tratemos de impacientarlo, porque Él no está dispuesto a comprometer su obra y su plan perfecto. Recuerda que los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas. Acuérdate “Encomienda a Jehová tu camino, espera en El y El hará”

Dios está obrando en su tiempo perfecto todas las cosas concernientes a nosotros y nosotros le decimos en medio de nuestra urgencia: “Vísteme despacio Señor que tengo prisa

 

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